Los árboles urbanos se consolidan como una infraestructura esencial para la salud, el bienestar y la adaptación climática
Las ciudades afrontan uno de los mayores retos de las próximas décadas: adaptarse al aumento de temperaturas derivado del cambio climático y garantizar espacios urbanos más saludables y habitables. En este contexto, el arbolado urbano ha dejado de entenderse únicamente como un elemento ornamental para convertirse en una auténtica infraestructura verde capaz de mejorar la calidad del aire, reducir el efecto isla de calor y favorecer la salud física y mental de la población.
Diversos estudios recientes desarrollados por universidades y centros de investigación españoles alertan, además, de que estos beneficios ambientales no se distribuyen de manera equitativa entre todos los barrios y colectivos sociales, poniendo sobre la mesa el concepto de justicia ambiental.
Málaga y Sevilla: el mapa desigual de la sombra urbana
Investigadores del Departamento de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga han publicado recientemente un estudio en la revista científica Urban Science en el que analizan cómo se distribuyen los beneficios ecosistémicos del arbolado urbano en Málaga y Sevilla. El trabajo, firmado por Enrique Salvo Tierra, Ángel Ruiz Valero y Jaime Pereña Ortiz, concluye que la cobertura arbórea y sus ventajas ambientales no llegan por igual a todos los sectores de la ciudad.
Los investigadores advierten de que las zonas urbanas más vulnerables suelen contar con menos árboles y, por tanto, con menor acceso a sombra, confort térmico y calidad ambiental. Según explica Enrique Salvo Tierra, “las zonas verdes generan también desigualdades entre colectivos”, evidenciando que la planificación del arbolado debe abordarse desde criterios de equidad territorial y adaptación climática.
El estudio pone de manifiesto que cada ciudad presenta patrones propios de desigualdad ambiental. Mientras que en Sevilla las diferencias se relacionan principalmente con la edad de la población, en Málaga aparecen más vinculadas a factores socioeconómicos y demográficos. Los autores insisten en que una planificación inadecuada puede provocar una mala asignación de recursos públicos y reclaman análisis espaciales rigurosos para orientar correctamente las futuras plantaciones urbanas.
El proyecto ARSEC: cuidar la salud de los árboles para cuidar la salud de las ciudades
En paralelo, el CREAF y la Universitat Autònoma de Barcelona han puesto en marcha el proyecto ARSEC, una iniciativa pionera destinada a monitorizar científicamente el estado de salud del arbolado urbano de Barcelona y su capacidad para resistir los efectos del cambio climático.
El proyecto estudia especies especialmente presentes en la ciudad, como plataneros, tipuanas y almeces (Celtis australis), analizando cómo responden a las olas de calor, la sequía o las condiciones extremas de los entornos urbanos. Para ello, se instalarán sensores capaces de medir el crecimiento de los árboles, la temperatura y la humedad del suelo en tiempo real.
Los investigadores destacan que los árboles urbanos solo pueden desempeñar correctamente sus funciones ecosistémicas —sombra, regulación térmica, mejora de la calidad del aire y bienestar social— si se encuentran en buen estado de salud. Por ello, el proyecto busca desarrollar herramientas científicas que permitan optimizar el riego, mejorar la calidad del suelo y seleccionar especies más resilientes para las ciudades mediterráneas del futuro.
La sombra urbana como cuestión de salud pública
La importancia del arbolado urbano trasciende el ámbito paisajístico. Numerosos estudios internacionales han demostrado que los árboles pueden reducir significativamente las temperaturas urbanas, disminuir el estrés térmico y mejorar la salud mental y física de la ciudadanía.
Las ciudades más densas y con menor cobertura vegetal son también las más vulnerables frente a las olas de calor, especialmente en barrios con menos recursos económicos. En este sentido, los expertos defienden que el acceso a la sombra y a la infraestructura verde debe considerarse una cuestión de salud pública y justicia climática.
Hacia ciudades más resilientes y saludables
Los estudios desarrollados por la Universidad de Málaga y el proyecto ARSEC coinciden en una idea fundamental: plantar árboles no es suficiente. Es necesario planificar estratégicamente el verde urbano, seleccionar especies adaptadas al clima futuro y garantizar una distribución equilibrada de sus beneficios entre toda la población.
La justicia ambiental plantea así un nuevo paradigma urbano donde el arbolado se convierte en una herramienta esencial para construir ciudades más resilientes, saludables y socialmente equitativas. Porque, como señalan los investigadores, la distribución de los árboles también refleja las prioridades —y las desigualdades— de nuestras ciudades.


Calle Santa Marina de Trassierra en Córdoba situación actual vs. escenario con arbolado
