La capital cordobesa acoge un congreso científico que explora cómo la vegetación puede contribuir a hacer frente al calentamiento global.
El cambio climático ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad cotidiana. Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas, afectando a la salud humana, a la economía y al funcionamiento de los ecosistemas. En este escenario, las plantas emergen no solo como organismos vulnerables ante el aumento de las temperaturas, sino también como una de las soluciones más eficaces para afrontar sus consecuencias.
Plantas frente al calor extremo: una solución basada en la naturaleza para ciudades más resilientes
Este ha sido uno de los principales mensajes trasladados durante el 47º Simposio New Phytologist, celebrado recientemente en Córdoba y dedicado al estudio de los límites térmicos de la vida vegetal. Investigadores de 22 países han coincidido en señalar que, incluso en los escenarios más optimistas de reducción de emisiones, las sociedades tendrán que adaptarse a episodios de calor extremo cada vez más habituales.
Mantener ciudades habitables dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para integrar la vegetación en la planificación urbana
En ese contexto, la vegetación adquiere un papel estratégico. Los árboles y otras plantas urbanas contribuyen a reducir la temperatura del aire mediante la sombra y la evapotranspiración, mejorando el confort térmico y mitigando el fenómeno de isla de calor que afecta a muchas ciudades. Sin embargo, para que estos beneficios se mantengan en el tiempo, resulta imprescindible conocer qué especies son capaces de soportar las nuevas condiciones climáticas.
Las investigaciones desarrolladas por la Universidad de Córdoba muestran que no todas las plantas responden de la misma manera al calor extremo. Mientras algunas especies ornamentales procedentes de regiones tropicales presentan limitaciones fisiológicas inesperadas, determinadas especies mediterráneas parecen estar mejor adaptadas a las altas temperaturas y conservar una mayor capacidad para proporcionar servicios ecosistémicos esenciales.
Seleccionar las especies adecuadas será fundamental para conservar los servicios ecosistémicos que la vegetación aporta a la sociedad
Para el investigador australiano Owen Atkin, presidente del comité organizador del simposio, la clave está en aprender de aquellas plantas que ya han desarrollado mecanismos de resistencia frente al estrés térmico. Según explica, comprender cómo algunas especies sobreviven a temperaturas cercanas a los 50 grados permitirá diseñar ciudades más habitables y sistemas agrícolas más resilientes. Lejos de ser víctimas pasivas del cambio climático, las plantas “pueden formar parte de la solución”.
La adaptación basada en la naturaleza exigirá incorporar criterios científicos en la planificación urbana, priorizando infraestructuras verdes capaces de maximizar los beneficios ambientales y sociales. Seleccionar adecuadamente las especies, aumentar la cobertura vegetal y gestionar correctamente el arbolado urbano serán medidas tan importantes como la mejora de los edificios o la adaptación de los espacios públicos.
España cuenta con una experiencia valiosa en el uso de la vegetación para hacer frente a las altas temperaturas, un conocimiento que puede servir de referencia internacional.
España, y particularmente ciudades como Córdoba, cuentan además con una larga experiencia en la convivencia con temperaturas elevadas. El conocimiento acumulado en el uso de la vegetación para refrescar calles y plazas, junto con la capacidad investigadora de sus universidades y centros científicos, sitúan al país en una posición privilegiada para liderar estrategias de adaptación al calor extremo.
El desafío climático obliga a reducir emisiones, pero también a prepararnos para un futuro más cálido. En esa tarea, las plantas representan una de las herramientas más accesibles, eficaces y sostenibles de las que dispone la sociedad. Integrarlas en las políticas urbanas, agrícolas y ambientales ya no es solo una cuestión paisajística: es una inversión en salud, bienestar y resiliencia frente al cambio climático.



